Antes de entender el daltonismo, primero hay que entender cómo funciona la visión típica del color. Este mecanismo, a la vez físico y neurológico, es más complejo de lo que parece.
¿Qué es la luz visible?
La luz es una onda electromagnética. Como las ondas que se forman al tirar una piedra al agua, una onda corresponde a la propagación de una perturbación en un campo.

El ojo humano solo percibe una parte minúscula del espectro electromagnético: las longitudes de onda situadas aproximadamente entre 400 y 700 nanómetros.
Por debajo de 400 nm entramos en el ultravioleta, invisible para nosotros pero perceptible para algunos insectos. Más allá de 700 nm, es el infrarrojo. Nuestra ventana al mundo de los colores es, pues, estrecha, pero suficiente para distinguir millones de matices.
Cuando la luz incide sobre un objeto, una parte se absorbe y otra se refleja. Es esa luz reflejada la que capta nuestro ojo:

El papel de los conos de la retina
En el fondo del ojo, la retina contiene dos tipos de fotorreceptores: los bastones (visión nocturna, en escala de grises) y los conos (visión diurna, en color).
Hay tres tipos de conos, cada uno sensible a un rango de longitudes de onda:
- Conos S («azules»): sensibles a las longitudes de onda cortas, en torno a 420 nm
- Conos M («verdes»): sensibilidad máxima en torno a 530 nm
- Conos L («rojos»): los únicos que perciben las longitudes de onda largas, en torno a 560 nm

El cerebro recibe las señales de los tres tipos de conos simultáneamente y las combina para producir la sensación de color.

Esta mezcla neurológica es lo que nos permite distinguir, según las estimaciones, desde unos cientos de miles hasta varios millones de matices distintos¹.
Cómo se explica el daltonismo
En una persona daltónica, uno o varios tipos de conos no funcionan correctamente, o están ausentes. El cerebro recibe entonces una señal incompleta o sesgada, lo que le impide diferenciar ciertas longitudes de onda.
Se distinguen varias situaciones:
- Visión tricrómata típica: los tres tipos de conos funcionan perfectamente
- Tricromacía anómala: los conos están presentes, pero su sensibilidad espectral está desplazada (deuteranomalía, protanomalía, tritanomalía)
- Dicromacía: falta un tipo de conos (deuteranopía, protanopía, tritanopía)
- Acromatopsia: ausencia total de conos funcionales, visión solo en escala de grises

El detalle de cada tipo, su prevalencia y su mecanismo preciso, es el tema de un artículo dedicado. Para saber dónde te sitúas, nuestro test en línea te da una primera indicación.
¿Vemos todos el mismo blanco?
Sí. Incluso las personas daltónicas perciben el blanco igual que las personas con visión típica. El blanco corresponde a la estimulación simultánea y equilibrada de los tres tipos de conos; como todo el mundo conserva cierta sensibilidad a las longitudes de onda largas, la percepción del blanco sigue siendo coherente.
En cambio, algunas personas son tetracrómatas: tienen cuatro tipos de conos en lugar de tres. Estos individuos podrían percibir diferencias invisibles para el resto de la población, sobre todo en ciertas composiciones de luz que a nosotros nos parecen blancas.
¿Y el negro?
Los objetos negros absorben prácticamente todas las longitudes de onda visibles. Ningún cono se estimula de forma diferencial, y la sensación es idéntica para todos: una ausencia de color.
La visión del color en el reino animal
Los humanos no son los mejor dotados en percepción cromática:






La abeja ilustra bien que tener el mismo número de conos que nosotros no significa ver el mismo mundo: es tricrómata como un humano con visión típica, pero su conjunto de conos está desplazado hacia las longitudes de onda cortas (ultravioleta, azul y verde³), allí donde el nuestro cubre azul, verde y rojo. Resultado: una abeja no ve el rojo en absoluto, pero percibe el ultravioleta, invisible para nosotros, que revela patrones ocultos en las flores.
Dicho esto, tener más conos no significa necesariamente «ver más colores»: el procesamiento cerebral desempeña un papel igual de determinante. Es el caso del camarón mantis, cuya discriminación fina de los colores sigue siendo, a pesar de su récord de fotorreceptores, peor que la nuestra².
Fuentes científicas
¹ Las estimaciones del número de colores que puede distinguir el ojo humano varían mucho según el método (desde unos cientos de miles en uso real hasta varios millones como capacidad teórica); ningún valor único goza de consenso en la literatura.
² Thoen HH, How MJ, Chiou TH, Marshall J. A Different Form of Color Vision in Mantis Shrimp. Science, 2014;343(6169):411-413. doi:10.1126/science.1245824, sobre el mecanismo de visión del color atípico del camarón mantis, a pesar de su número récord de fotorreceptores.
³ Skorupski P, Chittka L. Photoreceptor Spectral Sensitivity in the Bumblebee, Bombus impatiens. PLoS ONE, 2010;5(8):e12049. Picos de sensibilidad de los tres fotorreceptores en torno a 347 nm (UV), 424 nm (azul) y 539 nm (verde) en el abejorro, un perfil comparable al de la abeja doméstica.


